Dios ya lo sabe

Dice San Agustín, quien quiso que pidieras para recibir, que buscaras para hallar y que llamaras para entrar. Por tanto, si nuestro Padre sabe ya lo que necesitamos, ¿para qué buscar? ¿Para qué llamar?
Esto lo dice San Agustín en el sermón 80.


Hazte una pregunta: tu oración de peticiones, ¿no es acaso una forma de decirle a Dios que solo Él puede venir en tu auxilio y por eso acudes a Él?


Hermanos, Dios ya conoce lo que necesitamos, lo que pedimos, lo que buscamos. Si tocamos a su puerta es para decirle que solo Él puede venir en nuestro auxilio, porque solo en Él tenemos puestas nuestras esperanzas.
Que si ya lo sabe puede parecer que no es necesario pedirle nada… pero sí lo es. Es bueno recordarle que es nuestro Padre y que le necesitamos. Y le necesitamos tanto para pedirle por nuestras necesidades como para agradecerle todos sus dones que de Él recibimos y para alabarlo.

Como dice el mismo San Agustín al comienzo de sus Confesiones:
«Grande eres, Señor, y digno de toda alabanza; grande es tu poder, e infinita tu sabiduría. Y el hombre, pequeña parte de tu creación, quiere alabarte… Tú mismo le incitas a ello, haciendo que encuentre sus delicias en tu alabanza, porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti. Señor, enséñame a saber y entender qué debo hacer primero: invocarte o alabarte; conocerte o invocarte. Pero ¿quién te invoca sin conocerte?… ¿O acaso te invocamos para conocerte?… Y los que buscan al Señor le alabarán. Porque los que buscan le hallan, y los que le hallan le alabarán. Que te busque, Señor, invocándote, y te invoque creyendo en ti…»

Oramos juntos:
Señor, te pido cosas no porque crea que no sabes cuáles son mis urgencias y necesidades. Las sabes antes de que te las pida.
Al pedirte, lo que simplemente te recuerdo es que para mí Tú eres el Padre que siempre está en disposición de acudir en ayuda de su hijo en la necesidad. Gracias por eso, Padre.
Y como compromiso, puedes iniciar tu encuentro con Dios en la oración diciéndole algo más o menos así:
«Señor, ya sé que conoces mis necesidades. Te las presento para decirte que solo Tú me escucharás y me atenderás.»